Bitcoin, innovación y visión de país: una conversación sobre el futuro de la República Dominicana

La conversación sobre Bitcoin en la República Dominicana ya no es solo de entusiastas. Datos recientes muestran que casi 8 de cada 10 personas consultadas conocen las criptomonedas, pero solo el 14% las ha usado. Esa brecha entre conocimiento y adopción —y el papel de la educación para cerrarla— fue el eje de un encuentro entre Pedro Vital García, Felipe Vallejos Mellado y Syra Maruotti.

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Las comunidades resilientes no solo necesitan dinero resiliente: también necesitan comunicarse cuando la red falla

Persona caminando por un sendero representando la resiliencia comunitaria y la importancia de la comunicación descentralizada cuando la infraestructura tradicional falla.

El 24 de junio de 2026, el occidente de Venezuela fue sacudido por dos terremotos consecutivos —uno de magnitud 7,2 seguido, apenas 39 segundos después, por otro de 7,5—, el más fuerte registrado en el país en más de 125 años, con epicentros cerca de San Felipe y Yumare y daños sentidos hasta Caracas (Wikipedia, NBC News). Este artículo no trata sobre ese sismo. Lo toma, con respeto y sin especular sobre lo ocurrido, únicamente como punto de partida para una pregunta más amplia y permanente: ¿qué pasa con la comunicación cuando la infraestructura que damos por sentada deja de funcionar?

En cualquier emergencia —un terremoto, un huracán, un apagón prolongado— se repite el mismo patrón: puede caerse Internet, pueden saturarse o colapsar las redes móviles y puede interrumpirse el suministro eléctrico. Y es justo en ese momento, cuando coordinar se vuelve cuestión de seguridad, cuando más dependemos de sistemas centralizados que pueden fallar todos a la vez. Para una comunidad que ya valora el dinero descentralizado, vale la pena hacerse la pregunta paralela: ¿tenemos también una forma descentralizada de comunicarnos?

Equipos de rescate junto a un edificio colapsado tras un terremoto.
Tras un terremoto, el rescate depende de poder coordinarse cuando la infraestructura está dañada. Foto: 總統府 / Shufu Liu (terremoto de Hualién, 2024) / Wikimedia Commons (CC BY 2.0).

Bitchat: mensajería sin Internet, sin torres y sin servidores

Logotipo oficial de la app Bitchat de mensajería por Bluetooth Mesh.
Bitchat, app de mensajería de código abierto por Bluetooth Mesh. Logo: permissionlesstech (dominio público).
Captura de pantalla de la app Bitchat mostrando su interfaz de chat.
La interfaz de Bitchat, con canales tipo IRC. Captura: usuario Meow / Wikimedia Commons (dominio público).

Uno de los ejemplos más claros de esta idea es Bitchat, una aplicación de mensajería de código abierto —liberada al dominio público por el proyecto permissionlesstech— que funciona mediante Bluetooth Mesh. Su propuesta es sencilla de enunciar y técnicamente exigente de lograr: que los teléfonos se comuniquen directamente entre sí, sin Internet, sin antenas celulares y sin servidores centrales.

Según su whitepaper oficial, Bitchat se apoya en Bluetooth Low Energy (BLE) —la misma radio de bajo consumo que usan los audífonos inalámbricos— y cifra las conversaciones de extremo a extremo con el Noise Protocol Framework (patrón Noise_XX_25519_ChaChaPoly_SHA256), que ofrece autenticación mutua y secreto hacia adelante. Cada usuario tiene una identidad criptográfica con una huella verificable (un hash SHA-256 de su clave pública) que puede confirmarse en persona, por ejemplo leyéndola o escaneando un código QR.

Cómo se construye una red mesh

Diagrama de una red mesh inalámbrica donde cada nodo retransmite a los demás.
En una red mesh, cada dispositivo es nodo y repetidor: los mensajes saltan de uno a otro sin pasar por un servidor central. Diagrama: D. Johnson, K. Matthee y otros / Wikimedia Commons (CC BY-SA 2.5).

La clave está en cómo viajan los mensajes. En una app tradicional, tu mensaje sube a un servidor y baja al destinatario. En una red mesh, no hay centro: cada teléfono es a la vez cliente y repetidor. Cuando dos dispositivos con Bitchat quedan dentro del alcance del Bluetooth, se conectan directamente. Y cuando el destinatario está más lejos, los teléfonos intermedios reenvían el mensaje «salto a salto» hasta entregarlo.

Bitchat hace esto con un mecanismo de flooding controlado (difusión por «chismorreo»): cada nodo retransmite a sus vecinos los paquetes que no ha visto antes, usando filtros de Bloom para no repetir envíos y un contador TTL (Time-To-Live) que disminuye en cada salto para que ningún mensaje circule eternamente. Los mensajes privados viajan cifrados de punta a punta —los repetidores los reenvían sin poder leerlos— e incluyen confirmaciones de entrega, reintentos automáticos y fragmentación para superar el límite de tamaño del Bluetooth. En la práctica, una red así se «construye» sola: surge de la simple presencia de suficientes teléfonos cercanos dispuestos a relevar.

Qué ventajas ofrece frente a una app tradicional

Multitud de personas usando teléfonos móviles en un evento.
Las redes mesh rinden mejor donde hay muchos dispositivos cerca: cuanta más gente, más alcance. Foto: Dcpeopleandeventsof2017 / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

Comparada con WhatsApp, Telegram o el SMS, una herramienta como Bitchat aporta tres diferencias de fondo: no depende de Internet ni de la red celular, por lo que sigue operando durante apagones o caídas de cobertura; no requiere número de teléfono ni cuenta, lo que reduce la exposición de datos personales; y al no tener un servidor central, no ofrece un único punto que monitorear, censurar o apagar. Es, en esencia, comunicación resistente a la censura y a la interrupción de infraestructura. La contraparte —y conviene decirlo desde ya— es que esas mismas propiedades imponen límites técnicos importantes.

Los límites: alcance, densidad, energía y madurez

Un análisis honesto exige hablar de lo que no hace. El Bluetooth Low Energy tiene un alcance de aproximadamente 30 a 100 metros por salto, y con varios saltos la red puede extenderse a unos pocos cientos de metros; Bitchat permite hasta siete saltos (TTL = 7) (CCN). Esto define su naturaleza: no sustituye a Internet ni sirve para hablar con alguien al otro lado del país. Funciona en proximidad física.

De ahí se derivan sus condiciones de uso. La red necesita densidad: si hay pocos dispositivos cerca, hay poco por dónde retransmitir y el alcance se desploma. Brilla, en cambio, en aglomeraciones —un festival, un refugio, una plaza, un evento comunitario—. Además, mantener el Bluetooth y relevar mensajes consume batería, el ancho de banda es bajo (es texto, no video) y existen diferencias de compatibilidad entre dispositivos.

Y hay un punto de madurez que no se debe omitir: el propio creador del proyecto, Jack Dorsey, añadió una advertencia en el repositorio indicando que el software «no ha recibido revisión externa de seguridad» y que no se debe confiar en su seguridad hasta que sea auditado (TechCrunch). Investigadores reportaron, en versiones tempranas, fallos en la verificación de identidad y dudas sobre algunas de sus garantías criptográficas. Es un proyecto joven y prometedor, pero todavía experimental: una herramienta para conocer, probar y seguir de cerca, no para confiarle hoy comunicaciones de vida o muerte sin entender sus riesgos.

Bitcoin y la filosofía de la resiliencia

Torre de telecomunicaciones con antenas de telefonía móvil.
La comunicación tradicional depende de antenas y centrales: puntos únicos que pueden saturarse o caer. Foto: Chiswick Chap / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0).

¿Por qué debería importarle todo esto a una comunidad Bitcoin? Porque hablan el mismo idioma. Bitcoin es una infraestructura monetaria descentralizada: dinero que sigue funcionando sin depender de un banco central o de un intermediario que pueda fallar o bloquear. Bitchat —y las redes mesh en general— son una infraestructura de comunicación descentralizada: mensajes que siguen circulando sin depender de un operador o un servidor.

Ambas responden a la misma intuición: reducir la dependencia de puntos únicos de fallo. Una comunidad que entiende por qué conviene tener dinero que nadie puede apagar está a un paso de entender por qué conviene tener comunicación que nadie puede apagar. La resiliencia no es una característica de un producto; es una manera de diseñar los sistemas de los que depende la vida cotidiana.

Casos de uso para la República Dominicana

Daños por un huracán en una comunidad del Caribe.
Los huracanes son una amenaza recurrente en el Caribe y suelen dejar sin energía ni señal a comunidades enteras. Imagen: J. Johnstoned y D. Welch (huracán Dean, 2007) / dominio público.

La República Dominicana conoce bien los escenarios donde la infraestructura se pone a prueba: temporada de huracanes, riesgo sísmico, y apagones que forman parte de la realidad de muchas comunidades. En esos contextos, una capa de comunicación que no dependa de la red eléctrica ni de las antenas puede ser un complemento valioso —nunca un reemplazo— de los canales habituales.

Ciudad a oscuras durante un apagón eléctrico.
Un apagón puede dejar una ciudad a oscuras y sin comunicaciones durante días. Foto: Hybirdd (apagón por el huracán Sandy) / Wikimedia Commons (CC BY-SA 2.0).

El mismo valor aparece lejos de la emergencia. En comunidades rurales y de montaña como Arroyo Frío y Constanza, donde la cobertura celular es irregular, una red mesh local puede sostener comunicación de proximidad. Sirve para el senderismo y el turismo ecológico, donde grupos se mueven fuera de cobertura; para eventos comunitarios y meetups Bitcoin, donde decenas de teléfonos juntos forman, sin querer, una red densa y eficaz; y para el turismo de montaña, como canal de respaldo entre guías y visitantes.

Terrazas de cultivo en una comunidad rural de montaña.
Comunidades rurales y de montaña —como Arroyo Frío o Constanza— combinan agricultura, cohesión social y cobertura irregular. Imagen: FroyR / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

En una emergencia, una herramienta así podría ayudar a coordinar voluntarios y labores de rescate, organizar la distribución de ayuda, e informar a los vecinos sobre lo esencial: qué comercios están abiertos, dónde hay puntos de energía para cargar dispositivos, dónde conseguir agua y qué información comunitaria circula en tiempo real. Conviene subrayarlo con claridad: no estamos afirmando que una app habría resuelto lo ocurrido en Venezuela, ni minimizando una tragedia. El punto es otro y es anterior a cualquier desastre: las tecnologías resilientes se preparan, se prueban y se aprenden antes de necesitarlas, no durante la crisis.

Gran multitud en un festival de música al aire libre.
Festivales, conciertos y meetups concentran miles de teléfonos: el escenario ideal para una red mesh densa. Foto: WanderingTrad (Tuska, 2019) / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

Resiliencia comunitaria: la tecnología es solo una parte de la solución

Refugio de emergencia con catres tras un desastre natural.
En refugios y centros de acopio, coordinar personas y recursos es tan vital como el agua. Foto: Andrea Booher / FEMA (dominio público).

Conviene decir algo que ninguna ficha técnica deja ver: la resiliencia no nace de una aplicación, ni de una billetera, ni de una red. Nace de una comunidad organizada. Bitcoin, Bitchat, el Bluetooth Mesh o las redes comunitarias no crean resiliencia por sí solos; lo que hacen es amplificar las capacidades de una comunidad que ya existe. Donde hay vecinos que se conocen, líderes en quienes confiar y costumbre de cooperar, estas herramientas multiplican esa fuerza. Donde no hay nada de eso, son apenas software.

Es la misma lección de las economías circulares Bitcoin. Bitcoin Beach, en El Salvador, nunca fue solo tecnología: fue educación, fue liderazgo, fue confianza y fue comunidad. La billetera y los pagos fueron el vehículo, pero el motor siempre fueron las personas que se enseñaron unas a otras y decidieron sostener el experimento. Por eso funcionó —y por eso copiar únicamente la parte técnica, sin la comunidad, suele fracasar.

Esa convicción explica por qué Bitcoin Dominicana trabaja, antes que en infraestructura, en construir comunidad: formar, generar confianza y tejer red humana. La tecnología llega después —y llega mejor— cuando hay una comunidad lista para adoptarla. Las herramientas de comunicación descentralizada entran en esa misma lógica: valen tanto como la gente preparada para usarlas.

Y prepararse es, justamente, un acto previo. Las tecnologías resilientes no se aprenden en medio de una crisis: se conocen, se prueban, se entienden y se practican antes de necesitarlas. Nadie espera a que llegue el huracán para aprender primeros auxilios; del mismo modo, no deberíamos esperar a que se caiga Internet para descubrir cómo funciona una red mesh. La preparación tranquila de hoy es la diferencia entre improvisar y responder el día que algo falle.

Visto así, esto no se trata solo de Bitchat. Se trata de construir comunidades cada vez más resilientes, capa sobre capa. Bitcoin es una pieza —la monetaria—. La comunicación descentralizada es otra. La energía distribuida, como la solar comunitaria, puede ser otra. Las redes comunitarias, otra. Y la educación las atraviesa a todas. Juntas componen algo más grande que cualquier aplicación: una infraestructura comunitaria que no depende de un único sistema para seguir en pie.

El verdadero mensaje

El sismo de Venezuela es, para el resto de la región, un recordatorio incómodo pero útil: la infraestructura que usamos a diario es más frágil de lo que parece, y la comunicación es de las primeras cosas que se pierde y de las más críticas que se necesitan. Bitchat no es una solución mágica —tiene un alcance limitado, necesita densidad de dispositivos, gasta batería y todavía es un proyecto inmaduro—, pero es un ejemplo concreto y accesible de una categoría de tecnología que merece atención.

La idea de fondo es simple. Las comunidades resilientes no solo necesitan dinero resiliente. También necesitan formas resilientes de comunicarse cuando la infraestructura tradicional deja de funcionar. Para quienes ya construyen economías circulares con Bitcoin en la República Dominicana, explorar la comunicación descentralizada no es una distracción: es la otra mitad de la misma estrategia.

Porque, al final, la infraestructura verdaderamente crítica no son los cables, las antenas ni los servidores. Son las personas: una comunidad que sabe, que practicó, que coopera y que está preparada. Esa —la del conocimiento compartido— es la red más resiliente de todas, y la única que ninguna catástrofe puede apagar del todo. Construirla, con paciencia y de forma colectiva, es quizá la inversión más importante que una comunidad puede hacer en su propio futuro.


Bitcoin Dominicana publica análisis sobre adopción, infraestructura descentralizada y resiliencia digital en la República Dominicana. Este artículo tiene fines informativos y no constituye una recomendación de seguridad sobre ninguna aplicación en particular.


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¿Por qué usar Bitcoin?

Bitcoin es un sistema de dinero digital creado para operar sin intermediarios, abierto a cualquier persona en cualquier parte del mundo. Permite realizar transacciones rápidas, con tarifas bajas y sin restricciones horarias o geográficas. En el contexto local, tanto comerciantes como usuarios particulares ven en Bitcoin una herramienta útil para recibir pagos, ahorrar valor y conectarse con un mercado global.

Paso 1: Elegir una billetera (wallet)

La billetera es la herramienta esencial para empezar a usar Bitcoin. Funciona como una aplicación para enviar, recibir y almacenar esta moneda digital. Es recomendable elegir una opción segura y fácil de manejar.

Wallets recomendadas:

  • Blink (antes Bitcoin Beach Wallet): diseñada para pagos cotidianos, con una interfaz sencilla y soporte en español. Permite generar códigos QR para cobrar fácilmente.
  • Tangem: billetera física en formato de tarjeta, sin conexión permanente, ideal para quienes prefieren una solución sin depender del teléfono.
  • Aqua: aplicación que combina facilidad de uso con control total de las claves privadas, permitiendo administrar y enviar fondos con seguridad.

Estas opciones pueden descargarse de las tiendas de aplicaciones oficiales o adquirirse directamente, en el caso de Tangem, desde su distribuidor autorizado.

Paso 2: Recibir pagos en Bitcoin

Para aceptar pagos en Bitcoin, el comerciante solo necesita abrir su billetera y generar un código QR con el monto a cobrar. El cliente escanea el código, envía el pago y en segundos la transacción queda registrada.

Cada vez más negocios pequeños, especialmente en zonas turísticas como Bávaro, Punta Cana o Cabarete, han comenzado a aceptar Bitcoin. Esto no solo amplía las opciones de pago, sino que también reduce la dependencia de los bancos y sus comisiones.

Paso 3: Convertir Bitcoin a pesos dominicanos

Si el comerciante o usuario necesita convertir su saldo en Bitcoin a pesos dominicanos, existen varias alternativas sencillas:

  • Plataformas P2P: sitios, como Lnp2pbot, en Telegram, donde se puede vender Bitcoin directamente a otras personas y recibir pesos vía transferencia bancaria.
  • Intercambios en línea: plataformas como Binance o servicios locales que permiten retirar fondos a cuentas bancarias en RD$.
  • Comunidades locales: grupos de intercambio en canales verificados, donde las operaciones se realizan entre usuarios con reputación validada.

Es importante actuar con precaución, verificar las identidades y nunca liberar los fondos antes de confirmar el pago recibido.

Educación y seguridad: aspectos clave

Usar Bitcoin implica entender la responsabilidad de manejar fondos propios. Es fundamental guardar de forma segura la frase de recuperación (seed phrase) de la billetera, que es la clave para acceder a los fondos en caso de pérdida del dispositivo.

Existen recursos gratuitos en línea, tutoriales y comunidades locales que enseñan a nuevos usuarios cómo proteger su dinero y aprovechar los beneficios de Bitcoin.

Un paso hacia la economía digital

Bitcoin ofrece una alternativa global para realizar pagos y guardar valor sin depender de terceros. En República Dominicana, su uso está creciendo en comercios, remesas y ahorro personal. Con herramientas confiables como Blink, Tangem o Aqua, cualquier persona puede comenzar a usarlo sin complicaciones.


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Bitcoin para periodistas: un libro que invita a informar con libertad

En un mundo tan cambiante, las narrativas y paradigmas también deben de encontrar espacios para reformularse. «Bitcoin para periodistas» es el primer libro a nivel global que se dirige específicamente a comunicadores y periodistas, con el objetivo de brindar herramientas claras, accesibles y sólidas para entender e informar sobre Bitcoin. 

El autor, Bruno Vaccotti, comunicador, bitcoiner y educador, lanza así su segundo libro como un aporte abierto y gratuito al ecosistema del conocimiento libre.

La obra fue presentada en un taller introductorio de tres horas, donde participaron 31 periodistas y comunicadores de Paraguay. Durante la actividad, Vaccotti compartió no solamente los fundamentos de esta tecnología, sino también las implicancias sociales, económicas y políticas que Bitcoin representa para el periodismo del siglo XXI. 

La actividad fue interactiva, con preguntas y opiniones de los participantes, ejemplos regionales y un enfoque pedagógico, lo que facilitó el abordaje de un tema que muchas veces aparece envuelto en tecnicismos o mitos.

“El libro no es técnico. Está escrito para periodistas que quieren comprender sin tener que ser programadores ni economistas. Porque el periodismo necesita contexto, necesita verdad, necesita independencia. Y eso es justamente lo que Bitcoin propone: una forma de dinero que no depende de bancos, gobiernos o corporaciones. ¿Qué podría ser más interesante para contar que eso?”, expresó Vaccotti durante la presentación.

La propuesta editorial rompe con las estructuras tradicionales de divulgación. «Bitcoin para periodistas» no es una guía sobre cómo invertir ni un manual de promesas vacías. En su lugar, es una herramienta de alfabetización crítica sobre el dinero en tiempos digitales. 

A lo largo de sus capítulos, el lector encuentra respuestas a preguntas frecuentes, desmonta mitos comunes y se adentra en cuestiones fundamentales como la autocustodia, la privacidad, la energía y la soberanía tecnológica.

Uno de los aspectos más destacados del libro es su enfoque desde América Latina. Aunque Bitcoin es un fenómeno global, el texto hace anclaje en problemáticas locales, como la inflación crónica, la exclusión financiera y la desinformación que aún prevalece en gran parte de los medios tradicionales de la región.

Paraguay, país del autor, aparece como un ejemplo recurrente, tanto por su potencial en minería sustentable gracias a la energía hidroeléctrica, como por su posición estratégica en el debate energético y digital de la región.

Vaccotti ya había publicado anteriormente Dive Into Bitcoin, un material orientado al público general. Con esta segunda entrega, cambia de enfoque y habla directamente a quienes construyen narrativas: reporteros, cronistas, productores, editores. 

“La forma en que nos comunicamos sobre Bitcoin hoy va a definir cómo se entenderá mañana. Hay que salir del ciclo del miedo, la ignorancia y el sensacionalismo. Y para eso, primero hay que estudiar”, explicó el autor, quien se define como un bitcoiner maximalista, pero también como facilitador comprometido con el pensamiento crítico.

El libro está disponible de forma completamente gratuita, en formato digital, y su distribución se realiza bajo licencias abiertas que permiten su copia, reproducción y adaptación. Esta decisión editorial responde a una convicción del autor: la información financiera y tecnológica esencial no debería ser un privilegio de élites, sino un derecho colectivo. En ese sentido, el libro funciona como una especie de “vademécum bitcoinero” para redacciones, facultades de comunicación y periodistas freelance.

Recepción positiva

La recepción del material en el taller fue muy positiva. Participaron periodistas de medios escritos, radiales y digitales, así como estudiantes avanzados de comunicación. Muchos de ellos expresaron que era la primera vez que accedían a una explicación comprensible y honesta sobre Bitcoin, sin tintes publicitarios ni prejuicios ideológicos.

El evento fue también un espacio de debate sobre los desafíos actuales de la comunicación en tiempos de transformación tecnológica. ¿Cómo mantener la ética periodística en un mundo algorítmico? ¿Qué significa ser independiente cuando los modelos de financiamiento dependen de plataformas centralizadas? ¿Podemos imaginar un ecosistema de medios donde el dinero no sea una herramienta de control, sino de empoderamiento? Estas preguntas, más allá del libro, abren una conversación más profunda, que recién comienza.

«Bitcoin para periodistas» ya está circulando por redacciones, radios comunitarias y medios digitales en varios países de habla hispana. Su autor anticipó que continuará ofreciendo talleres y que ya trabaja en una versión ampliada del libro, con testimonios de periodistas que han encontrado en Bitcoin no solo una noticia, sino una causa.

En un tiempo donde la verdad parece frágil, este libro propone un ancla: aprender, entender y luego informar. Porque, a su juicio, “los que imprimen el dinero, imprimen también los titulares. Salvo que alguien se anime a contar otra historia”.

El libro se puede descargar gratuitamente en: bit.ly/BitcoinParaPeriodistas 


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