La adopción de bitcoin (BTC) como activo estratégico está ganando terreno a nivel global, mientras que en la República Dominicana aún no se vislumbra un avance significativo en esta dirección. Países como El Salvador lo han integrado como moneda de curso legal, naciones como Suiza y Singapur lo consideran un equivalente al oro digital, y en Estados Unidos ya se ordenó el establecimiento de una reserva de BTC.
Surge entonces una interrogante ineludible: ¿cuándo dará nuestro país un paso hacia esta tendencia?
Bitcoin trasciende la percepción de ser una mera tendencia tecnológica o un instrumento especulativo. Representa una transformación financiera que redefine el concepto de dinero en un contexto donde las monedas fíat, incluido el peso dominicano, enfrentan desafíos como la inflación y la devaluación.
En una nación donde la economía depende en gran medida del dólar estadounidense, bitcoin podría convertirse en una herramienta para fortalecer nuestra soberanía financiera. Una reserva estratégica de este activo digital ofrecería una alternativa frente a las políticas del Fondo Monetario Internacional y las fluctuaciones del mercado internacional. ¿Es esto una utopía? No necesariamente.
El caso de El Salvador es ilustrativo. Desde 2021, bajo la dirección de Nayib Bukele, el país ha acumulado más de 5.000 BTC, una inversión que representa un respaldo financiero significativo e independiente de los sistemas bancarios tradicionales.
En la República Dominicana, donde el turismo y las remesas son pilares económicos, una reserva de bitcoin podría actuar como un amortiguador ante crisis como las experimentadas durante la pandemia o ante alzas en los precios del petróleo. Asimismo, facilitaría el envío de remesas de manera rápida y económica, beneficiando a la diáspora dominicana y reduciendo los costos asociados a intermediarios financieros.
No obstante, los obstáculos son evidentes. Persiste en algunos sectores la percepción de que bitcoin es un activo riesgoso o una herramienta fraudulenta. Además, las limitaciones estructurales del país, como la burocracia, la corrupción y el bajo nivel de educación financiera, dificultan su implementación. Estos desafíos, sin embargo, no deberían ser una excusa para la inacción. La historia demuestra que las naciones que se adaptan a los cambios globales son las que prosperan. Postergar esta discusión equivale a ceder ventaja a otros países que ya están avanzando.
Desde Bitcoin Dominicana abogamos por un enfoque gradual pero decidido: adquirir una cantidad inicial de bitcoin, establecer un marco regulatorio sólido y promover la educación financiera en la población.
El mundo está evolucionando hacia un nuevo paradigma económico, y BTC es un componente clave de ese cambio. La República Dominicana cuenta con el potencial humano y la capacidad de innovación necesarios para integrarse a esta dinámica.
La pregunta no es si podemos hacerlo, sino si estamos dispuestos a asumir el reto antes de que sea demasiado tarde. ¿Qué camino elegiremos? La decisión está en nuestras manos.