La posible implementación de una Moneda Digital de Banco Central (CBDC) en la República Dominicana representa una de las transformaciones más profundas en la historia económica de la nación.
Para el ciudadano dominicano promedio, este cambio no es una simple actualización tecnológica, sino una reconfiguración total de su autonomía económica.
Si bien el discurso oficial suele centrarse en la modernización y la eficiencia, es imperativo analizar las implicaciones directas en la vida cotidiana y los riesgos subyacentes que esta herramienta de control estatal conlleva.
En el escenario cotidiano, la inclusión financiera se presenta como la principal bandera de las CBDC. Actualmente, un gran porcentaje de la población dominicana, especialmente en el sector informal y en zonas rurales, opera exclusivamente en efectivo.
Con un peso digital, el Estado podría bancarizar a millones de personas mediante un monedero vinculado directamente a la cédula de identidad. Esto facilitaría la distribución de subsidios, eliminando la necesidad de tarjetas físicas y reduciendo las ineficiencias en los puntos de cobro.
Sin embargo, esta aparente facilidad oculta un cambio radical en la dinámica del comercio informal. El vendedor de frutas o el dueño de un pequeño colmado, que históricamente han operado fuera del radar fiscal, verían cada una de sus transacciones registradas en un libro contable controlado por el Banco Central.

Pérdida absoluta de la privacidad
El riesgo más crítico de una CBDC radica en la pérdida absoluta de la privacidad. A diferencia del efectivo, que permite el intercambio de valor de forma anónima y libre, el peso digital es dinero programable y rastreable.
Esto otorga al Estado un poder sin precedentes sobre la vida privada de los ciudadanos. Bajo un sistema de CBDC, el gobierno podría monitorear en qué gasta cada peso un individuo, establecer fechas de caducidad para el dinero o incluso bloquear fondos de manera arbitraria basándose en criterios políticos o sociales.
Para el dominicano, esto significa que su capacidad para subsistir quedaría sujeta a la voluntad de una entidad centralizada, eliminando la frontera entre la vida privada y el control administrativo.
Frente a esta amenaza de vigilancia masiva, bitcoin (BTC) surge como la verdadera alternativa de libertad y soberanía financiera. A diferencia de las CBDC, que son una extensión de la política monetaria estatal y la vigilancia, Bitcoin es un protocolo descentralizado que devuelve el poder al individuo
Mientras que el peso digital puede ser inflado por decisión gubernamental, restando poder adquisitivo a los ahorros de los trabajadores, bitcoin posee una escasez matemática que lo protege de la devaluación. Es el único activo digital que permite al ciudadano ser su propio banco, garantizando que nadie pueda confiscar sus bienes o censurar sus transacciones.

En definitiva, la adopción de una CBDC en la República Dominicana podría agilizar ciertos procesos administrativos, pero el costo en términos de libertad individual es demasiado elevado.
El ciudadano pasaría de ser un agente económico libre a un punto de datos en un sistema de control estatal. Por el contrario, BTC representa el camino hacia una verdadera independencia, ofreciendo una red global y transparente donde la privacidad y la propiedad privada son derechos inalienables, no concesiones del Estado.
La elección entre la vigilancia del peso digital y la libertad de bitcoin definirá el futuro de la dignidad financiera en el país.







